martes, febrero 13, 2007

Puluqui o el sol quiere pasear en lancha


jueves, septiembre 07, 2006

estos poetas de mierda (o ¿vamos a escucharlos?)

jueves, julio 13, 2006

la típica entrevista (o Enrique Vila-Matas en otra ciudad nerviosa)

Hoy vi a Enrique Vila-Matas en televisión, en el programa de Christian Warken en Canal 13 cable. “La belleza de pensar” es su nombre. Tengo entendido que ese programa se va a terminar. No estoy muy enterado, ni siquiera me atrevería a defenderlo, pues ha recibido sus críticas (que Warken pregunta cosas muy generales y que especialmente las entrevistas a los filósofos lo sobrepasan). Yo no me atrevería a ser concluyente, pero supongo que sus razones tendrán los que lo critican. Digo, habrá cierta autoridad en sus palabras. De todos modos, tengo entendido que el programa se va a otro canal.
Pero lo que a mi me convoca (y esto no es una defensa, por lo que acabo de plantear) es que hoy vi la famosa entrevista a Vila-Matas, si, la misma de siempre, que ya he visto por partes en reiteradas ocasiones y debo decir que este es el único programa de la televisión chilena (espero no estar mandándome las partes) que ha puesto en pantalla a este escritor español, y ni siquiera por treinta segundos, sino que por toda una hora.
De Vila-Matas he leído cuatro libros, pero eso da lo mismo ahora. Es que me he quedado pensando en algunas cosas que dijo, como que le molestan los cuentos redondos, los que a uno le han enseñado que son los cuentos perfectos; y eso, porque según él le gusta ver hacia donde lo llevan las narraciones. Supongo que “El vaso de leche”, de Manuel Rojas, el llamado cuento perfecto, le molestaría tremendamente, sin embargo le gusta un poeta tan tradicional (y no lo digo en un sentido peyorativo, porque a mí también me gusta) como Gonzalo Rojas.
El caso es que Vila-Matas en su juventud, según lo que contó en la mencionada entrevista que le hizo Christian Warken, quería escribir de una forma extraña. El único antecedente que el joven Vila-Matas tenía de Witold Gombrowicz es que éste polaco era un escritor con una prosa muy extraña y se propuso imitarlo, pero sin haber leído ni una sola palabra escrita por él. Vila-Matas, entonces, comenzó a escribir de la forma que él se imaginaba que se construía la rara pluma de Gombrowicz. Mucho tiempo después, con varios libros ya publicados, Vila-Matas decidió leer al polaco y se dio cuenta que su obra no se aproximaba en lo más mínimo a la de Gombrowicz, pero que su ejercicio efectivamente le había permitido ser un escritor raro, con un estilo propio.
También contó esa otra historia de Rulfo y Monterroso en Polonia. Ambos escritores se encontraban en Europa Oriental para dar una conferencia y un día Rulfo, a las cinco de la mañana, tocó a la puerta de la habitación de Monterroso y le dijo, son las cinco de la mañana, deberíamos levantarnos ya, no vayamos a causar una mala impresión. Monterroso le advirtió que recién eran las cinco de la mañana, que volviera más tarde. Una hora después Rulfo volvió a tocar a la puerta de Monterroso y le repitió que debían levantarse ya, y agregó que si no lo hacían, harían el ridículo porque la gente en Polonia es muy trabajadora. Monterroso hizo pasar a Rulfo y le dijo que si quería podía esperar ahí sentado, pero que él seguiría durmiendo. Y Monterroso se volvió a dormir, bajo la atenta mirada de Rulfo, en un hotel en Polonia.

domingo, julio 09, 2006

deerhoof - wrong time capsule (o una canción preferida)

No puedo dejar de escuchar esta canción. Me habría gustado que se me hubiera ocurrido a mí. Pero no fue así.

jueves, junio 01, 2006

divagaciones sobre lo verosímil (o ¿alguien conoce a Aquiles Bateman?)

Cuando vimos la película “Fuga” a mi amigo F le dio una indignación que yo aún no me explico al comprobar que de una escena, que transcurría en Valparaíso, de un minuto a otro (en el espacio temporal de la ficción) los personajes se trasladaban a Viña del Mar. No recuerdo si ocupó el término inverosímil, pero creo que se refería a eso. El caso es que eso no tiene nada que ver con la verosimilitud. Le expliqué que en la película “Se arrienda” ocurre lo mismo: el personaje va por Plaza Italia, en micro, en dirección al oriente y poco después está a la altura de la Feria artesanal Santa Lucía. Supongo que ejemplos de ese tipo debe haber millones para cada ciudad grande, la diferencia es que uno no se entera porque claro, cómo saber de las calles de París, de Viena, de Tokio o de Nairobi.
No digo que este “no darnos cuenta” cuando este fenómeno ocurre con otras ciudades sea mi explicación para el conflicto de F. Mi explicación es que esos “errores” no importan porque si una película transcurre en Valparaíso, ese Valparaíso de la ficción no es ni será jamás el mismo Valparaíso que uno ha visitado –y en el que ciertamente mi amigo F ha vivido-, porque este “otro” Valparaíso es una invención cultural necesaria para la fábula que se cuenta. Dato aparte es el hecho de que “Fuga” tenga un final que haga parecer que la película no ha terminado. Y no lo digo porque tenga un final abierto, lo digo porque tiene un final pobre que no desata el nudo que se armó durante el tiempo previo de la acción (y que a ratos a uno le hacía creer que en realidad estaba viendo una película bien buena). No voy a mencionar, además, todos los cabos sueltos que habían, sólo diré que eran varios.
Ahora estoy resfriado. He tenido fiebre y no he podido ir a las asambleas que se han hecho en mi universidad que, según me enteré, está en paro. Son las dos y cuarto de la mañana y estoy viendo “American Psycho” por enésima vez en el cable. La primera vez que la vi fue en el cine y cuando mi acompañante de esa ocasión me preguntó que por qué tanta música vieja (pero buena, según ella) yo le tuve que explicar que el tiempo de la acción era los años ochenta. Cuento esto porque ahora que la veo nuevamente (y no dejo de sorprenderme de que todas las piezas calcen y los nudos que se hacen sean confeccionados para luego ser desatados, como debería ser en toda película y en todo libro) me he dado cuenta de que cuando Patrick Bateman deja una grabación en la contestadota de Paul Allen se despide con un “Hasta la vista, babe”, parafraseando a “Terminator”. Poco antes el mismo Bateman iba en un taxi junto a Courtney, escuchando “el nuevo disco de Robert Palmer” mientras se escuchaba de fondo la canción “Simple irresistible”. Pensé, primero, que ese disco de Palmer era más antiguo que la película de James Cameron, y por tanto la alusión de Bateman a “Terminator” no habría sido posible porque la película no existía aún, pero luego me di cuenta de que el disco era de 1988 y la película de 1984 por tanto el problema que me imaginé no existía.
Recordando el conflicto que tuvo F con “Fuga” me pregunté que si mi suposición inicial con respecto a “American Psycho” hubiese sido real ¿esto sí sería un problema de verosimilitud? No estaba seguro, porque los tiempos de los referentes no tienen por qué coincidir con los tiempos al interior de la ficción. Sin embargo, en este caso, “American Psycho” en su versión en película y en su versión en libro (el que leí hace muchos años y aún no he podido releer) tiene una cercanía mucho mayor con su referente que la que tienen algunas otras novelas o películas. “American Psycho” está conformando una cosmovisión, lo que no quiere decir que tenga que convertirse en un texto histórico. Es como con “La Ilíada”, que es un texto literario que se excusa en una fábula (una historia de ficción) para construir una idea de la cosmovisión (costumbres y creencias) de un momento determinado, en el caso de la epopeya de Homero, un recorrido desde el 1200 a. c. hasta el 800 a. c. Y en el caso de la novela de Bret Easton Ellis, la segunda mitad de la década de los ochenta.
Qué curioso que esta davigación me haya llevado nuevamente a relacionar a “La Ilíada” con “Américan Psycho” (“Fuga” se diluyó en esta conversación casi hasta el olvido, por qué será). Recuerdo que mi profesora de literatura antigua se quiso morir cuando le dije que en mi ensayo final quería establecer las relaciones intertextuales que la novela de Bret Easton Ellis desarrollaba con la obra de Homero. Y yo sigo creyendo que hay elementos en común: el catálogo de las naves de los aqueos, en la más antigua, versus el catálogo de los aparatos electrónicos que compraba Bateman, en la más nueva; el objetivo de ambos catálogos; el menoscabo que experimenta Aquiles en su areté versus el menoscabo en la supuesta posición social de Bateman al comprobar que sus compañeros tenían tarjetas de presentación más finas y que a Paul Allen le costaba menos que a él conseguir reservaciones en Dorsia; la capacidad de Aquiles de matar a cien troyanos con un solo movimiento de su espada y no inmutarse versus la capacidad de Bateman de creer que podía matar a quien se le diera la gana y no inmutarse.
Si, ya sé, sé que cualquier tipo de relación va a ser en un sentido paródico. A fin de cuentas Aquiles era una suerte de ejemplo, pese a su ira. Bateman, por su parte, un sujeto que podría ser un modelo de éxito se convertía más bien en un antiejemplo, en un asesino que en realidad no mató a nadie, ni siquiera a Paul Allen. Eso, porque Bret Easton Ellis es más bien un moralista encubierto, pero ese es otro tema.

jueves, abril 20, 2006

una cita de "La señorita Lara" de Carlos Droguett (o mira qué cita ésta)

“Sí hubo un momento en que ella dijo ¿Sabías que dos personas muy juntas, muy juntas, sin estar metidos una dentro de la otra, como debe ser y como tiene que ser cuando pasen los días y las semanas, pueden fumar un mismo cigarrillo poniendo sus labios, un milímetro de sus labios en la boquilla y respirando con calma? Así lo hicimos, con toda seguridad que así lo hicimos y ahora puedo todavía jurarlo que no me sentía nervioso, sólo elegido, sólo seguro de esas horas de la noche nublada que iba pasando…”

miércoles, abril 19, 2006

las cosas que piensa melocotón (o tres rayitas significativas)








Hoy paté se dio cuenta de que manzana y yo usábamos zapatillas idénticas. La sonrisa se le escapó del pecho y se le incrustó en su cara de paté. Yo quisiera que ella se pusiera unas adidas café y que todo fuera como en el verano. Modelo Mundial de Chile 62.

sábado, abril 08, 2006

Carajo nº 7 (o un nuevo caso de ombliguitis)

Esto es todo lo que hay que decir: Hoy viernes, 07 de abril de 2006 apareció en los quioscos el número 7 del periódico literario Carajo, con un texto mío sobre la literatura autoreflexiva, en un caso de Ítalo Calvino. El título exacto es “los textos mirándose el ombligo, según Ítalo Calvino”, aunque el título original era “Autorreflexión literaria o los textos mirándose el ombligo según un ejemplo de Ítalo Calvino”.
El periódico está en casi todos los quioscos del centro y sus alrededores y cuesta sólo $ 300. Mejor imposible.
En mi segundo blog www.redondelita.blogspot.com (porque este, cuncuna1000, es el tercero) el texto completo.

domingo, abril 02, 2006

todos los "yo" de ella (o los mundos que hay en tí)

Una vez una amiga me contó que su pareja de entonces le había dicho que ya no le gustaba su “mundo” y que por eso la dejaba. Y mi amiga, obvio, se indignó porque le cargó ese ejercicio de simplificación que estaba haciendo la persona que en ese instante se estaba convirtiendo en su ex pareja, especialmente porque la simplificada era ella, pues según el sujeto mi amiga no se movía más que por un “mundo” homogéneo y aburrido.
La conclusión que ella sacó fue que ese tipo la conoció demasiado poco en los meses que estuvieron juntos y aunque reconoce que ella debe haber mostrado muy poco, el sujeto sólo se hizo una idea superficial de su entorno y no vio que había más de un “mundo”, de hecho toda una galaxia probablemente. Si no fuera así, cómo se explicarían las contradicciones de las personas, si no es en el actuar de los distintos “yo” de los diferentes “mundos” que éste posee.
Mi amiga ahora, en todos sus “mundos”, detesta a ese sujeto que la simplificó. Pero yo le digo que se olvide, que mejor se ocupe de no odiarse a sí misma. Es que le expliqué que yo fácilmente podría decirle a alguien que me transporta a un “mundo” en el que no deseo estar: “no me gusta el que soy cuando estoy contigo, así es que mejor desaparece”. Y claro, no hay nada peor en las relaciones humanas que no soportarse a uno mismo. Me caigo pésimo, no me aguanto, qué extraño pero cotidiano.

domingo, marzo 26, 2006

la isla de los lobos (o cómo pensarlo y hacerlo)

Es la isla de los lobos, pero si tuviera otro nombre, quizás hasta se nos pondrían los pelos de punta al pasar por ahí. Y diríamos, esa es la “isla de la calavera” o algo así. Y contaríamos historias retorcidas, historias que el receptor en cuestión quizás no creería o no querría creer para no desvelarse por la noche. Los Vilos sería como Twin Peaks, y Twin Peaks sería como un jardín de niños al lado de la isla de la calavera. Y la isla de la calavera, tal como Comala, Parque Deportivo o Macondo, tendría su Eduviges Dyada, su Silvia Chibuis o alguna de las Buendía (posiblemente la que se eleva al cielo sin mediar explicación). Los Vilos tendría su Laura Palma (versión criolla, se entiende), que de seguro se habría perdido en la isla de la calavera luego de una noche orgiástica con cien pervertidos del SIMULACRO de Twin Peaks. Incluso hasta Valentina Cisneros podría haber pasado por ahí y alguna experiencia que la hizo desistir de seguir haciendo tal y cual cosa debe haber presenciado. Y claro, el misterio se lo habría llevado a la tumba. En la isla de la calavera pasan cosas extrañas. Voy a pensar qué puedo empezar a contar.

jueves, marzo 09, 2006

vacaciones (o cómo volver con un tobillo inservible por los próximos diez días)


Si, me caí. Recorrí 1800 km para protagonizar una rodada de película ¿El escenario? La ciudad de Castro. Yo, con una mochila pesadísima en la espalda y avanzando por una cuesta no tan pronunciada, pero en bajada. El cliché determinaría, cosa que no me produce ni la más leve sonrisa, que ahora soy dueño de toda la isla de Chiloe. Pero dejémonos de clichés.¿Consecuencias? Las vacaciones terminadas irremediablemente una semana antes y de vuelta a Santiago, una bota de yeso.
La fotografía 1 retrata el lugar aproximado donde me pegué mi rodada de antología. Y la foto 2 soy yo de vuelta en Santiago, enyesado y privado de hacer lo que tenía planeado antes de volver a la U: otro viaje, uno más cortito.
El caso es que desde mi rodada de película no he dejado de pensar en que si posiblemente no hubiese tomado esa fotografía (la fotografía 1), que fue tomada sólo treinta segundos antes del “Incidente Castro”, nada habría ocurrido. O si no hubiese comprado los chocolates que compré dos minutos antes. O si a la señora del negocio le hubiese dicho un par de palabras menos. O si hubiese pestañeado un par de veces más antes de llegar al lugar del incidente. O un par de veces menos. O si hubiese suspirado con más intensidad, la última vez que lo hice, todo habría sido distinto y ahora estaría en otro lugar.
Todo esto me habla de algo que no es nada de novedoso, pero que inevitablemente me inunda los pensamientos (por lo estrepitoso del fin de mis vacaciones, por la suspensión de mi segundo viaje, que yo tanto quería hacer), eso de que un incidente así de pequeñito (imaginarse, desocupado lector, que cuando digo esto estoy haciendo un gesto de “chiquitito” con mis dedos) puede generar una serie de eventualidades que concatenadas constituyen mis circunstancias, en este caso, dolorosas circunstancias, concentrando el dolor ahí, en mi tobillo derecho.
Ahora me esperan diez días de reposo, de aburrido reposo. Y luego, entrar a clases, y andar con cuidadito, porque cualquier cosa, un cerrar de ojos inoportuno o muy oportuno, una palabra de más o de menos, una sonrisa cuando debía haber una carcajada o viceversa, podría llevarme a la cuarta región, a Praga, a la luna o al mismísimo averno, en escala de mejor a peor.
Fotografía 1: Castro
Fotografía 2: Yo

miércoles, febrero 08, 2006

silencio

Momentaneo.